" Uno empuja , empuja y empuja , pero cuando la cosa se empieza a mover , te agarran unas ganas locas de salir corriendo"
¿Por qué será que nos obsesionamos en la persecusion de un objetivo y al alcanzarlo , dejamos de quererlo , retrocedemos y tiramos a la basura un largo recorrido? No digo que esto pase siempre , sino nadie lograria nada con nada ni con nadie. Sin embargo hay que admitir , quien no se asusta antes de por ejemplo empezar una relacion, o empezar una carrera nueva, o un trabajo nuevo , si hay alguien a quien nada de esto lo asuste , considerese convertido en mi ejemplo a seguir. Yo pienso que hay una mezcla de factores interesantes y pueden darse distintas situaciones:
- Que persigamos un objetivo por el mero hecho de probar que podemos alcanzarlo. A veces nuestro ego nos juega una mala pasada y nos convierte en pirañas por un poquito de reconocimiento de nuestros pares.
- Que confundamos el interes con el " no tengo nada más divertido que hacer" , esto suele pasar en cuanto a parejas. Situación tipica , todo el mundo esta en pareja , añoras y pensas que estas atraido hacia esa persona que se te presenta solo para encontrarte que , lástima la verdad ni siquiera te gusta.
- Que en verdad si estemos interesado en ese objetivo o persona pero que el miedo nos paralice por completo , dejando el interes encerrado junto al cuco debajo de la cama en una caja de zapatos.
El problema de esta compleja situación radica en que , la mayoria de las veces , uno no sabe que esta pasando dentro de sí. La teoría es muy bonita pero ¿cómo saber qué es lo que realmente nos pasa?
Creo yo la mejor forma de tratar este conflicto es respirar hondo y caminar lento , muy lento. En el camino podremos pensar/sentir/descubrir/reconocer/ (y muchos adjetivos más) qué es lo que nos pasa.
Es un consejo vacio sobre todo cuando yo misma no puedo esperar ni un segundo una vez que mi mente se turba , pero espero a alguien le sirva y pueda tomarlo.
Llego a la conclusion de que deberiamos caminar para llegar a un lugar deseado , más que correr sin pensarlo hasta el borde de un acantilado.
